Una bella historia no tiene porqué tener precisamente un final feliz ¿no creen?, esta es la historia de Diego un chico un tanto especial…
Todo
empezó un 15/6 a diego le habían diagnosticado una rara enfermedad, tenía el
corazón débil, solo él tenía esa enfermedad que consistía en la incapacidad de
soportar emociones fuertes como la ira o la tristeza, estas dos emociones eran
capaz de matarlo en un instante. Toda su vida había controlado sus emociones al
punto de no sentir nada, había dejado de ser un hombre para convertirse en una
maquina, no creía en las corazonadas, simplemente se dejaba llevar por un frío
análisis de las situaciones.
Pero
todo eso cambió de un día para el otro, tan rápido que ni él alcanzó a darse
cuenta de lo que había pasado. En el colegio, en la hora de matemática (su
materia favorita) había entrado una chica nueva a la división, parada enfrente
de todos al lado de la profesora.
-Alumnos,
les presento a Mercedes, se ha cambiado de colegio recientemente, quiero que
sean buenos con ella-. Ella era pelirroja color cobre, tenía pecas en la cara y
una sonrisa tímida que causaba ternura
Diego
muy rara vez se distraía, mejor dicho, directamente no pasaba pero el rubor en
las mejillas de Mercedes lo tenían totalmente atrapado.
-Usted
se va a sentar con Diego-.
Al
escuchar eso el corazón había acelerado el paso, pero sabía controlarlo, tan
solo debía relajarse. Mercedes se sentó al lado de él y empezó a sacar sus
útiles, mientras tanto el suave perfume que llevaba puesto inundaba la nariz de
Diego.
Miró
para los costados y hacia la profesora que estaba inmersa en la corrección de
unos exámenes
-¿Te
puedo confesar algo? No tengo idea de cómo hacer estos cálculos, nunca fui muy
amiga de las matemáticas, prefiero mas lengua y literatura-. Por Dios que su
voz era hermosa
-¿Querés
que te ayude?- a pesar de tener la intención de ser amable con ella, la
pregunta había salido seca, sin expresión alguna.
Pasó
la hora de matemática, la cual Diego invirtió explicándole como hacer las
cosas, luego literatura, geografía y finalmente historia.
Mercedes
quiso darle las gracias por la ayuda, pero él ya había encaminado a su casa. Ya
en su casa estaba tirado en su cama como casi todas las otras tardes, pero
había algo diferente que hacía especialmente peculiar a esa tarde, estaba
pensando en ella. Su expresión de nada empezaba a cambiar lentamente, una
sonrisa se asomaba lentamente por uno de los costados de sus labios, a la vez
que eso pasaba sentía que le presionaban el pecho, como si hubieran puesto un
gran peso encima.
Al
día siguiente Mercedes pudo alcanzarlo antes de que se vaya a su casa.
-¿Tenés
algo que hacer?-. Preguntó temerosamente.
-No-.
Respondió fríamente.
-Quería
saber si me podías mostrar un poco la ciudad, no conozco a nadie y pensaba que
me podías ayudar una vez más.
Pasaron
horas paseando, le mostró desde librerías hasta confiterías, finalmente
descansaron en la plaza principal recostados en el pasto.
-¿Qué
harías si no tuvieras miedo?-. Soltó la pregunta inesperadamente rompiendo el
silencio
-¿Qué
haría? Haría absolutamente todo lo que vengo perdiendo hasta ahora-.
-¡Ey!
¡Usaste otro tono de voz!, sabía que no ibas a poder hablar monótonamente todo
el tiempo-.
A
partir de ese día Diego y Mercedes se volvieron inseparables, él sentía que era
humano y ella se divertía con las faltas de expresiones de él. Iban a todos
lados juntos, a tomar algo en la confitería, a pasear por el parque e incluso
empezó a darle unas clases particulares de matemática.
Por
fin Diego empezaba a sentir algo en su
vida, se sentía raro, pero no sabía si era malo para él porque nunca había
sentido nada, cuando sus padres decidieron mudarse con la intención de que no
viera mas a Mercedes, no lo hacían desde la maldad, lo hacían desde el cuidado
que le tiene un padre a un hijo, sabían que la amistad que tenía con ella no
iba a ser buena.
Lentamente
volvió a ser el mismo de siempre, ya habían pasado años, y los caminos de él y
de ella estaban ya totalmente separados, salvo a las noches donde tenía tiempo
y silencio para pensar o mejor dicho recordar, se permitía recordar pequeñas
cada noche, en una recordaba el pelo, en otra el perfume, pero la noche trágica
fue cuando recordó su sonrisa, su hermosa sonrisa tímida que terminaba siendo
de las más expresivas, tenía ese algo que la hacía inigualable, ese recuerdo lo
había superado, su corazón había dejado de latir.
Estuvo
internado en el hospital dos meses, ahí los segundos parecían minutos, los
minutos horas y las horas días, si bien los padres lo acompañaban a la tarde en
las noches estaba solo, conversándole a su insomnio como era ella.
Una
noche aparece por la puerta el padre con mirada triste, como si estuviera
tratando de entender algo que no quería entender
-Hijo,
vengo a preguntarte una cosa ¿Qué es lo que tiene ella, que hace que quieras
arriesgar tu vida?-.
Diego
le sonrió por primera vez a su padre, pero al instante cambio a una mueca de
dolor
-No
lo sé, y justamente eso es lo que hace que ella sea especial, no tengo ni una
sola palabra que la pueda definir, todo lo que puedo decir es “porque es ella”…-
El
padre lo miró a los ojos, finalmente había comprendido lo que sentía su hijo.
-¿De
qué me serviría seguir vivo? ¿Quedarme con la duda? ella me había enseñado a
vivir, a arriesgarme-.
-Entiendo…-
Pasaron
semanas para que pudiera volver a caminar sin ayuda, en las cuales pasó
pensando que decirle cuando la volviera a ver, se había enterado por un amigo
de la secundaria que ella estaba en la misma ciudad que él por estudios, sabía
en qué facultad estaba estudiando, sorpresa para él los martes él salía quince
minutos más temprano que ella, tiempo suficiente para ir justo a la salida de
ella.
El
martes 8/5 apenas terminó la clase se dirigió a donde iba a estar ella, lo que
él no sabía era que estaba dando los pasos hacia su sentencia. La pudo
distinguir desde lejos ¿Cómo confundir ese pelo rojo cobre resaltando de todos
los demás? Ahora lo llevaba a la altura de los hombros, estaba hermosa como
siempre pensó nuestro desafortunado amigo Diego
-¡Mercedes!-
gritaba inútilmente, el sonido de los micros y de los autos apagaban su voz.
Había
acelerado el paso, cuando algo que vio hizo que parara en seco, otro hombre
estaba besándola y abrasándola.
Podía
sentir como la vida se escapaba lentamente de sus manos, sus piernas apenas
soportaban su peso, no escuchaba casi nada, las voces llegaban a él apagadas,
su voz era ahora menos que un suave susurro, a pesar de todo esto, él se sentía
agradecido de que lo último que perdió fue la vista, ya que la última imagen
que se llevó con él, fue la de la sonrisa de ella que seguía siendo
hermosamente tímida y a pesar de que esa sonrisa no era causada por él, sentía
dicha de que ella fuera feliz…
En
su funeral ocurrió una cosa, él había escrito algo el mismo martes antes de ir
a ver a Mercedes y en ese papel estaba su último pedido.
“Si
están leyendo esto es porque ya no estoy con ustedes, les pido por favor que no
me lloren y que lean esto en voz alta “El mayor defecto del ser humano es que puede llegar a vivir cien años
sin haber vivido ni un minuto” vivan la
vida sin temor, no re retraigan como hice yo”
Recién ahora
después de años de meditar esa última frase me di cuenta de lo que quiso decir,
él en sus momentos de agonía había vivido más cosas y sentimientos que en sus
otros 23 años de vida.
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