domingo, 24 de septiembre de 2017

ABC

Las palabras más difíciles de decir o de escribir, son aquellas que resuenan, sin ningún tipo de forma o fonema, en la mente; queriendo escapar agolpándose todas juntas en el corazón expandiéndolo u oprimiéndolo dependiendo de la emoción que predominase en ese preciso momento en la persona. Me gusta creer que dentro nuestro tenemos, escondido, un abecedario que no somos capaces de interpretar, rogando por ver la luz.
                Cuando te veo, tu sonrisa, tu mirada tu tono de voz, todo tu ser genera una gran revolución en mí, pero también me genera otra cosa; una angustia y una impotencia aplastante. Quisiera ser capaz de zambullirme en lo más profundo de mi corazón, porque sé que allí podría encontrar la forma de usar ese alfabeto desconocido por el hombre 
¿Qué haría si pudiese llegar? Escribiría la canción más bella, el poema más emotivo y la carta más sincera…Con total seguridad puedo decir que si pudiese llegar a usarlo no tendrías la más mínima duda de lo que te amo.

Puertas

Éste se trata de un sueño que tuve el año en el que tenía que elegir que era lo que iba a hacer con mi vida, estudiar? trabajar? ambos? ninguno?

Era un día común y corriente, me había levantado a las 6:30 a.m. como todos los días para ir al colegio. Pero cuando había llegado ahí había algo que estaba mal, todo el lugar estaba blanco, ni una sola mancha a la vista, y las paredes estaban cubiertas por centenares o miles de puertas; de todos los tamaños y decoraciones, Algunas eran baratas con su madera agrietada y otras tan elegantes con su madera tallada con un terminado tan perfecto que le daría envidia al mismísimo Miguel Ángel.

Por muy extraña que sea la situación, algo me decía que tenía que tenía que buscar mi propia puerta que en algún lado por ahí tenía que estar. Caminé por horas y horas y ninguna parecía ser realmente la que yo estaba buscando. hasta que encontré la mía o por lo menos la que yo pensé que era mía; sin importar cuanta fuerza le infundiera al forcejeo la puerta no se movía ni un solo milímetro, ni siquiera se movía en las bisagras. Estaba por volver a forcejear con fuerzas renovadas pero una mano en el hombro me distrajo, era una mano de una señora no menor a los 60 años.

- Vení conmigo, ésta no es tu puerta.

- Pero esta puerta es la que me gusta! no se supone que tengo que elegir mi puerta?

- Uno no puede elegir su puerta, solo puede mejorar la que ya tiene, pero para poder hacer eso, vas a necesitar encontrar la tuya.

caminamos unas cuantas horas antes de frenar enfrente a una modesta puerta, era lisa, sin ningún detalle muy especial salvo que tenía la particularidad que a la vista parecía ser una puerta sólida. La verdad es que había otras infinitamente mas hermosas que la que tenía enfrente pero sólo ésta me era familiar. La mujer me mira con una sonrisa de oreja a oreja como el gato de Alicia en el país de las maravillas y dice

- Ésta pareciera ser tu puerta no? por qué no intentás abrirla? 

Alcé la mano para agarrar la manija y ahí fue cuando noté que mis manos estaban avejentadas, lo que me había parecido horas caminando habían sido en realidad horas. Sin que yo hiciera absolutamente nada de fuerza la puerta se abrió y mis piernas empezaron a moverse solas haciendo que atraviese el portal. Una luz blanca me segó como si estuviera mirando directo al sol, cuando el brillo cesó yo estaba sentado en una silla en una habitación adornada con bibliotecas y cuadros, un piso de madera resguardado con una alfombra, un escritorio de roble y un reloj que marcaba las 12:23 p.m.

La puerta que había atravesado estaba enfrente mío ahora y se abrió dejando pasar a dos niños que al unísono gritaron "ABUELOOOOOO" al mismo tiempo que me abrazaban. Detrás de ellos había cruzado una mujer cuya sonrisa y voz me habían hipnotizado.

- Mi amor, les dije nuestros hijo que hoy cuidamos a los nietos, te parece bien?

Traten de imaginar tal solo por un segundo mi sorpresa, era mi esposa y los nenes eran mis nietos!, no sabía ni entendía nada de lo que estaba pasando, pero por muy raro que parezca, sentía que todo estaba e iba a estar bien. Después de sentir esa tranquilidad, así sin más me desperté del sueño volviendo a tener 17 años otra vez.